Nuestra Historia

“Como toda empresa, producimos bienes y servicios, damos empleo, utilizamos tecnología, pero, nuestra
verdadera esencia es el arte”
Domingo De Lucía
Presidente


Después de subir por la empinada escalera, se llega a una puerta metálica pintada de azul. Inmediatamente ocurre un impacto visual: numerosas pinturas, la mayoría de gran formato, rodean las paredes de una sala muy peculiar. Así es la antesala de ArtQuimia, una pequeña empresa fundada hace 15 años por Domingo De Lucía y su esposa Miriam Di Vora, dedicada a la elaboración de pinturas para el arte y la impresión gráfica. ArtQuimia ha logrado una buena ubicación en el mercado nacional por la calidad y confiabilidad de sus productos, en su mayoría formulados y desarrollados por la propia empresa y además, mantiene una activa participación en el mundo artístico a través de un conjunto de actividades dirigidas a promover el arte.

En Venezuela no había nadie que produjera pinturas al óleo, y en ese hecho vio esta pareja la posibilidad de realizar su sueño: ser empresarios y, a la vez, estar en contacto con el arte.


Atenea fue el nombre que escogieron para distinguir su línea de productos de pinturas al óleo y, a pesar de los serios problemas de calidad surgidos al comienzo y el consecuente rechazo de los consumidores, decidieron conservar la marca. Aunque fue difícil recuperar la confianza de los consumidores, hoy en día Atenea, por su excelente calidad, está totalmente reivindicada.

ArtQuimia nació innovando y muchos productos han sido desarrollados posteriormente. La capacidad de producción de ArtQuimia es de 60 toneladas mensuales, 48 toneladas corresponden al segmento industrial y 12 al segmento de arte, utilizando alrededor de un 70% de materias primas de producción local.

Pero no todo es producción. En 1987 nació la idea de crear la Fundación ArtQuimia. “La empresa se fundó para hacer pintura para las artes, que es un objetivo comercial, pero se concibió también con un objetivo social: participar en el movimiento cultural del país”, apunta De Lucía. “Con los pocos recursos disponibles hacemos grandes proyectos, y en cada experiencia que realizamos demostramos que nuestra tesis es posible: el hombre es un ser espiritual y material, su pensamiento es intuitivo y analítico. No puede haber arte sin industria e industria sin arte, porque en ambos se requiere conocimiento y sensibilidad para los procesos creativos”.